Cuando un adolescente es diagnosticado con cáncer, la enfermedad transforma por completo la dinámica de su hogar. Las rutinas cambian, aparecen los miedos, los gastos aumentan y muchas familias deben reorganizar su vida para poder acompañar el proceso médico y emocional del paciente.
Desde hace años, Proyecto Daniel trabaja
precisamente para que ningún joven ni su familia enfrenten solos este camino.
En el marco del Mes de la Familia, la organización busca visibilizar la
importancia de acompañar no solo al paciente diagnosticado, sino también a
madres, padres, cuidadores y hermanos que atraviesan el proceso junto a ellos.
“Cuando llega el cáncer a una familia, nada sigue siendo igual. Muchas veces un miembro del hogar debe dejar de trabajar para cuidar al paciente, mientras continúan las responsabilidades económicas, los traslados al hospital y las necesidades del resto de la familia. Además, muchos jóvenes enfrentan aislamiento social, pérdida de amistades y cambios emocionales muy fuertes”, explicó Ligia Bobadilla, fundadora de Proyecto Daniel.
La organización desarrolla distintas
iniciativas para sostener integralmente a las familias durante el proceso
oncológico. Entre ellas se encuentran apoyo con comestibles para hogares
referidos por trabajo social, kits de bienvenida, becas de estudio,
campamentos, regalos de cumpleaños durante el primer año del diagnóstico y
actividades para cuidadores y pacientes.
Además, Proyecto Daniel realiza visitas
hospitalarias semanales con voluntarios y miembros de la organización, con el
objetivo de acompañar a los jóvenes durante sus hospitalizaciones y brindarles
espacios de distracción y contención emocional. También, se desarrollan talleres
presenciales y virtuales para fortalecer la salud mental, la conexión entre
pacientes y el sentido de comunidad, incluso durante períodos de aislamiento o
distancia.
“Uno de los mayores aprendizajes que hemos tenido es entender que el cáncer en un joven nunca es un proceso individual: lo vive toda la familia. Hemos visto cómo madres, padres, hermanos y cuidadores se convierten en pilares de fortaleza, muchas veces dejando de lado sus propios procesos emocionales para sostener al ser querido”, destacó Bobadilla.
Como parte de ese acompañamiento, la
organización también impulsa actividades como el Día de la Familia Naranja, un
espacio anual donde se integran hermanos, cuidadores y pacientes para
fortalecer vínculos y generar momentos de conexión más allá de la enfermedad.
Para Proyecto Daniel, el acompañamiento
integral puede marcar una diferencia significativa en la forma en que las
familias atraviesan el diagnóstico, el tratamiento y la recuperación. Por ello,
la organización hace un llamado a las familias que actualmente viven un proceso
de cáncer con un ser querido joven a buscar apoyo y recordar que no tienen que
enfrentarse en soledad.
“No están solos. Es válido sentir miedo, tristeza o incertidumbre. El acompañamiento hace la diferencia y, aún en medio del dolor, siempre pueden existir momentos de esperanza, amor y conexión que sostienen el camino”, concluyó Bobadilla.