Casi nueve de cada diez atenciones médicas registradas durante la Romería 2025 estuvieron relacionadas con el esfuerzo físico, según datos de la Cruz Roja Costarricense. Durante ese operativo fueron atendidas alrededor de 2.100 personas y, del total de peregrinos trasladados a centros médicos por esta causa, el 19% fue clasificado en condición crítica.
Para Ana Estela Ramos, directora de la Escuela de Terapia Física de la
Universidad Americana (UAM), estas cifras evidencian la importancia de que los
romeros se preparen adecuadamente y aprendan a reconocer las señales de alerta
que el cuerpo envía durante el recorrido.
Cada año, cientos de miles de personas emprenden el camino hacia la
Basílica de Nuestra Señora de los Ángeles impulsadas por la fe. Sin embargo,
muchas subestiman el esfuerzo físico que implica la caminata y concentran su
preparación únicamente en la ropa, el calzado o la alimentación del día, cuando
el cuerpo debería comenzar a prepararse con varios días de antelación.
“La Romería representa un esfuerzo físico importante, incluso para las personas acostumbradas a caminar. Prepararse implica descansar adecuadamente, mantener una buena hidratación, alimentarse de forma balanceada y llegar con reservas de energía suficientes. El cuerpo también necesita prepararse para cumplir esa promesa”, explicó Ramos.
Traslados en condición crítica
Uno de los datos que más preocupan a los especialistas es que casi dos
de cada diez peregrinos trasladados a un centro médico por causas relacionadas
con el esfuerzo físico fueron clasificados en condición crítica.
La especialista advirtió que uno de los errores más frecuentes es
considerar que el dolor intenso o el agotamiento extremo forman parte natural
de la experiencia y que, a pesar del malestar, lo correcto es continuar
caminando.
Por el contrario, existen señales que nunca deben ignorarse, como el
dolor que dificulte caminar, los mareos, la falta de aire, el dolor en el pecho
o cualquier malestar que limite el movimiento.
“La fe puede impulsarnos a llegar hasta el final, pero nunca debe llevarnos a ignorar las señales que envía el cuerpo. Un dolor incapacitante, los mareos, la dificultad para respirar o el dolor en el pecho no forman parte de la Romería. Ante estos síntomas, lo correcto es detenerse y buscar atención médica de inmediato”, señaló Ramos.
Las personas con enfermedades como hipertensión o diabetes también
deberían consultar previamente con su médico para valorar si están en
condiciones de realizar el recorrido, al tiempo que la ingesta de medicamentos
debe continuar de acuerdo con lo prescrito.
Asimismo, se recomienda realizar pausas planificadas durante el
trayecto, especialmente al recorrer largas distancias. Estas permiten recuperar
energía sin que el cuerpo se enfríe por completo y ayudan a reducir el riesgo
de lesiones causadas por el sobreesfuerzo al que sometemos el cuerpo sin la
preparación adecuada.
Asistencia a romeros
Como parte de su aporte a la seguridad de los peregrinos, la Escuela de
Terapia Física de la UAM instalará un puesto gratuito de asistencia fisioterapéutica
en el parque de La Unión, en Tres Ríos.
En este espacio se ofrecerán valoraciones, orientación profesional y
pausas activas a las personas que presenten molestias musculares durante el
recorrido.
“La fe puede impulsarnos a llegar hasta el final, pero escuchar al cuerpo también es una forma de cuidar esa promesa. La prevención siempre será el mejor compañero de camino”, concluyó la especialista.
Cinco errores que pueden poner en riesgo su Romería
- No
hidratarse ni alimentarse adecuadamente en los días previos: la
preparación debe comenzar antes del día de la caminata para que el cuerpo
llegue con reservas de energía suficientes.
- Dormir
poco la noche anterior: un descanso insuficiente puede aumentar la fatiga
y afectar la recuperación muscular durante el recorrido.
- Comenzar
a caminar sin calentar: se recomienda realizar un calentamiento de unos
diez minutos, movilizando el cuello, los hombros, la espalda y las
piernas.
- Estrenar
zapatos durante la Romería: lo recomendable es llevar ropa ligera y transpirable,
así como calzado conocido, cómodo y ya utilizado.
- Ignorar
las señales de alerta del cuerpo: el dolor intenso, los mareos, la falta
de aire, el dolor en el pecho o cualquier dificultad para seguir caminando
requiere detenerse y buscar asistencia.
También se aconseja llevar una mochila liviana con agua, bloqueador
solar, medias de repuesto, meriendas y un pequeño botiquín para prevenir o
atender rozaduras y ampollas.
