Aldeas Infantiles SOS recomienda a las familias prestar atención a los cambios de conducta, el aislamiento y la pérdida de interés en actividades habituales, así como fortalecer la comunicación y el acompañamiento emocional.
Los cambios de comportamiento, el nerviosismo, el aislamiento social y la pérdida de interés en actividades cotidianas pueden ser señales de dificultades en la salud mental de niños, niñas y adolescentes. Identificar estas manifestaciones oportunamente es uno de los principales desafíos para las familias, especialmente cuando se confunden con comportamientos propios de la edad.
Según el estudio Evolución de la depresión en Costa Rica (2018-2025) y pronósticos (2026-2033), elaborado por la Universidad Estatal a Distancia (UNED) y la Secretaría Técnica de Salud Mental del Ministerio de Salud, los diagnósticos registrados de depresión aumentaron un 146,1 % entre 2018 y 2025, al pasar de 4.237 a 10.427 casos en la población general. El grupo de 15 a 19 años figura entre los que concentraron más diagnósticos.
Ante esta realidad, Dulce Ramírez, coordinadora del Programa Especializado SOS Niñez de Aldeas Infantiles SOS, explicó que las manifestaciones de ansiedad y depresión pueden estar relacionadas con diferentes circunstancias familiares, educativas y sociales.
La ansiedad puede expresarse mediante nerviosismo, movimientos repetitivos, sudoración o aceleración del ritmo cardíaco, mientras que la depresión puede manifestarse con apatía, desmotivación y pérdida de interés en actividades que anteriormente generaban satisfacción. Sin embargo, estas señales no representan necesariamente un trastorno mental, por lo que se recomienda acudir a profesionales especializados para una valoración.
“Uno de los principales desafíos consiste en comprender qué está ocurriendo detrás de los cambios de conducta, en lugar de atribuirlos inmediatamente a una enfermedad o restarles importancia. También hay que analizar qué estamos haciendo nosotros como adultos para poder llegar a profundizar un poco el síntoma que pueda estar presentando esa persona menor de edad", señaló Dulce Ramírez.
Escuchar y acompañar es fundamental
La especialista destacó que las familias deben evitar minimizar las emociones de sus hijos e hijas y propiciar espacios seguros donde puedan expresar sus sentimientos sin temor a ser juzgados.
“Aquí la escucha activa y el buscar un entorno seguro y protector tiene que ser también la base fundamental. La escucha activa implica dedicar tiempo, prestar atención y permitir que los niños, niñas y adolescentes expresen sus sentimientos sin temor a ser juzgados”, dijo Ramírez.
Entre las principales recomendaciones mencionó practicar la escucha activa, mantener conversaciones sobre las experiencias cotidianas, establecer horarios regulares de descanso y promover actividades físicas y recreativas compartidas.
Ramírez también advirtió que la falta de atención oportuna puede provocar que algunas dificultades emocionales se intensifiquen y afecten el desempeño educativo y otras áreas de la vida, e incluso derivar en situaciones más complejas, como autolesiones o pensamientos relacionados con hacerse daño.
Por ello, Aldeas Infantiles SOS hace un llamado a fortalecer el acompañamiento desde el hogar, mantener una comunicación abierta y acudir a profesionales de salud mental cuando los cambios emocionales o conductuales generen preocupación.
“Hay que validar esa emoción. Nunca hay que minimizarla, sino que más bien es que el adulto valida lo que está expresando la persona menor de edad y busca una ayuda posterior”, concluyó Ramírez.
Más información: www.aldeasinfantiles.or.cr
