La idea de que la salud bucodental es un asunto puramente estético o limitado a la aparición de caries es un error que pone en riesgo la vida de miles de costarricenses. La evidencia científica actual demuestra que la boca es el espejo de lo que ocurre dentro del organismo y funciona como una alerta temprana de enfermedades crónicas graves como la diabetes, la hipertensión y los padecimientos cardiovasculares.
La Dra. Fiorella Cruz, coordinadora de
Odontología de Coopesiba Barva, explica que las encías inflamadas, el mal
aliento persistente o una cicatrización lenta son, muchas veces, las primeras
señales de que algo no marcha bien en el resto del cuerpo.
El peligro silencioso de la periodontitis
Mientras que la gingivitis (inflamación e
hinchazón de la encía) es un aviso completamente reversible con higiene y
limpieza profesional, la falta de tratamiento la convierte en periodontitis.
Esta versión grave, que la padece el 35% de la población costarricense,
destruye el hueso que sostiene los dientes y transforma la boca en una fuente
constante de infección.
"Cuando hay periodontitis, la barrera de la encía está rota. Cada vez que la persona mastica, se cepilla o traga, las bacterias entran al torrente sanguíneo. Una bacteria en específico, la Porphyromonas gingivalis, se ha hallado dentro de las placas de las arterias del corazón. Además, la inflamación de las encías libera citoquinas, sustancias que viajan por el cuerpo y favorecen que las arterias se endurezcan y se tapen", añade la Dra. Cruz.
Por esta razón, las personas con
periodontitis severa tienen aproximadamente el doble de riesgo de sufrir un
infarto y un peligro significativamente mayor de presentar un accidente
cerebrovascular (derrame). La enfermedad de las encías actúa como un factor de
riesgo independiente, al mismo nivel que el fumado, el colesterol o la presión
alta.
Un círculo vicioso con la diabetes
Según datos de la Caja Costarricense de
Seguro Social (CCSS) en Costa Rica, un total de 375 mil adultos son diabéticos,
por lo que cobra relevancia la relación entre la salud bucal y la enfermedad,
una de las más complejas debido a su comportamiento de "doble vía":
- De la diabetes a la boca: Los niveles altos de azúcar debilitan
las defensas, aumentan la glucosa en la saliva (alimento para las
bacterias) y retrasan la cicatrización.
- De la boca a la diabetes: Una infección en las encías mantiene
al cuerpo inflamado y bloquea la acción de la insulina. Esto provoca que,
aunque el paciente tome sus medicamentos y cuide su dieta, el azúcar no
baje debido al foco infeccioso dental.
Sin embargo, el tratamiento odontológico
ofrece resultados médicos contundentes. Datos clínicos de las últimas dos
décadas demuestran que sanar las encías de un paciente diabético puede
disminuir su hemoglobina glicosilada (HbA1c) entre 0,3 y 0,6 puntos
porcentuales. Según la especialista, "eso es comparable al efecto de
agregar un medicamento adicional para la diabetes".
Desmitificando el sangrado de encías
La Dra. Cruz es enfática en erradicar un mito
muy arraigado en la cultura popular costarricense: la creencia de que las
encías sangran por cepillarse muy duro.
"El sangrado de encías nunca es normal. Si a usted le sangrara el ojo al lavarse la cara, correría al médico; con la boca debe ser igual. Una encía sana no sangra, aunque se cepille con energía. Si hay sangre, hay placa acumulada, inflamación y peligro de enfermedad periodontal", recalca.
Recomendaciones y señales de alerta
Para los pacientes que ya tienen antecedentes
de hipertensión (33.6%), diabetes o problemas cardíacos, la recomendación
médica es visitar al odontólogo cada 3 o 4 meses (y no una vez al año) para
reducir la carga inflamatoria del cuerpo.
Las señales de sospecha que exigen una
consulta inmediata son:
● Sangrado al cepillarse o usar hilo dental.
● Encías rojas, inflamadas, sensibles o "retiradas" (dientes
que se ven más largos).
● Mal aliento persistente o mal sabor de boca.
● Dientes flojos o que han cambiado de posición.
● Boca seca, ardor en la lengua, aftas que tardan en sanar o manchas
blancas (hongos), especialmente en pacientes diabéticos.
●
Abscesos recurrentes o pus
entre el diente y la encía.
La regla de oro para la prevención
La salud sistémica empieza por la prevención
en el hogar mediante tres pilares: el uso diario de hilo dental y el cepillado,
la visita profesional regular para eliminar el sarro y el mantenimiento de
hábitos saludables como no fumar, dormir bien y controlar la presión y el
azúcar.
"La boca no es un accesorio, es parte
del cuerpo. Durante décadas la separamos artificialmente, pero una encía
inflamada hoy puede ser un corazón enfermo mañana. Cuidar la boca no es vanidad
ni un lujo estético, es una inversión para vivir más años y con mejor calidad
de vida", concluye la coordinadora de Odontología de Coopesiba.